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Una emergencia dentro de otra: cómo la innovación puede hacer posible la asistencia humanitaria en territorios aislados

El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó Colombia el 10 de agosto no solo destruyó viviendas e infraestructura. En Chocó, uno de los territorios más afectados, la emergencia se superpuso a condiciones previas de pobreza, inseguridad alimentaria, desplazamiento y dificultades de acceso. Cuando las carreteras, puentes y rutas habituales dejan de funcionar, llevar asistencia exige algo más que recursos: requiere adaptar la manera de responder.

Cuando el desastre encuentra un territorio vulnerable

El sismo tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en el departamento de Chocó, y afectó a 15 departamentos y alrededor de 470 municipios. Las consecuencias más graves se concentraron en Chocó, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas. Naciones Unidas estima que 1,2 millones de personas presentan necesidades derivadas de esta emergencia.

Pero el terremoto no ocurrió en un territorio que partiera de cero.

Chocó ya enfrentaba importantes necesidades humanitarias asociadas al conflicto armado, los desplazamientos, la inseguridad alimentaria y el limitado acceso a servicios básicos. En este contexto, una emergencia natural puede amplificar vulnerabilidades existentes: una carretera dañada no representa solamente un problema de transporte; puede significar que una comunidad quede temporalmente sin alimentos, atención médica, agua potable o posibilidades de comercializar su producción.

El Programa Mundial de Alimentos señala que alrededor del 31 % de la población de Chocó ya enfrentaba inseguridad alimentaria, antes del terremoto. Además, algunas de las comunidades más afectadas solo son accesibles mediante redes fluviales.

La emergencia, por tanto, no consiste únicamente en responder a los daños provocados por el sismo. Consiste también en evitar que las barreras que ya existían se conviertan en obstáculos aún mayores para la recuperación.

Cuando las rutas convencionales dejan de funcionar

Uno de los primeros desafíos de una respuesta humanitaria es conseguir que los recursos lleguen físicamente hasta las personas que los necesitan.

En este caso, las carreteras dañadas, los puentes afectados, los deslizamientos y las limitaciones de transporte han dificultado el acceso a algunas comunidades. La Cruz Roja Colombiana ha señalado que varias de las poblaciones más golpeadas permanecen aisladas, mientras continúa desplegando equipos en diferentes departamentos.

Esto obliga a cambiar la pregunta.

Ya no se trata solamente de “¿qué ayuda necesitamos?”, sino también de:

¿cómo hacemos llegar esa ayuda cuando las condiciones para hacerlo han cambiado?

La respuesta humanitaria está recurriendo a una combinación de capacidades existentes.

El Programa Mundial de Alimentos, por ejemplo, está utilizando su presencia previa en Colombia y su red de oficinas y centros logísticos en Cali, Quibdó y Medellín para movilizar suministros hacia las zonas afectadas. La organización cuenta además con alimentos preposicionados en el país, lo que permite reducir el tiempo entre la identificación de una necesidad y la entrega de asistencia.

La ventaja no proviene necesariamente de haber creado una nueva tecnología después del terremoto. Proviene de haber construido capacidad antes de que ocurriera la emergencia y de poder reutilizarla rápidamente cuando las circunstancias cambian.

Innovar también es saber adaptarse

El caso colombiano permite ampliar la manera en que entendemos la innovación humanitaria.

Innovar no significa necesariamente utilizar inteligencia artificial, drones o tecnologías sofisticadas. También puede significar reorganizar recursos, modificar rutas, combinar capacidades o encontrar nuevas formas de coordinación cuando los procedimientos habituales dejan de ser efectivos.

Naciones Unidas y el Equipo Humanitario País han desplegado misiones a San José del Palmar para realizar evaluaciones rápidas multisectoriales. Estas evaluaciones buscan identificar necesidades prioritarias en salud, agua, saneamiento, alojamiento temporal, protección y remoción de escombros, para orientar mejor la respuesta.

Es una parte fundamental del proceso: antes de diseñar una solución hay que entender cómo cambió el problema.

La información obtenida en terreno permite ajustar prioridades, identificar brechas y decidir dónde pueden generar mayor impacto los recursos disponibles. En una emergencia dinámica, esa capacidad de aprender y adaptar la intervención puede ser tan importante como disponer de suministros.

Las capacidades locales también son infraestructura

Otro elemento relevante es la capacidad instalada antes del desastre.

La Cruz Roja Colombiana pudo desplegar equipos pocas horas después del terremoto gracias a su red nacional de personal y voluntariado capacitado. La IFRC señala que su respuesta no busca únicamente atender las necesidades inmediatas, sino también fortalecer las capacidades locales de respuesta durante los próximos 24 meses.

Esto introduce una idea especialmente importante para la acción humanitaria: una comunidad no es solamente receptora de asistencia.

Sus organizaciones, líderes, voluntarios, conocimientos, redes sociales y capacidades existentes también forman parte de la infraestructura de respuesta.

Fortalecer esas capacidades antes de una emergencia puede reducir la dependencia de mecanismos externos y permitir que las primeras acciones ocurran incluso cuando el acceso desde fuera es limitado.

La innovación como capacidad de conectar

La experiencia de Colombia muestra que una respuesta humanitaria efectiva depende de algo más que la cantidad de recursos disponibles.

Requiere conectar información, logística, conocimiento local, organizaciones, instituciones públicas, voluntariado y recursos financieros. Y requiere que esa conexión pueda adaptarse rápidamente cuando las condiciones cambian.

En Chocó, donde una emergencia natural se encuentra con vulnerabilidades preexistentes y barreras geográficas, esa capacidad resulta especialmente importante.

Para CINNDAH, este caso plantea una reflexión central sobre la innovación aplicada a la acción humanitaria: innovar puede significar encontrar nuevas formas de utilizar las capacidades que ya existen para resolver problemas que han cambiado.

El terremoto modificó las condiciones del territorio. Las carreteras dejaron de ser transitables, algunas comunidades quedaron aisladas y las necesidades aumentaron. La respuesta, en consecuencia, también tuvo que transformarse.

Porque en una emergencia, la solución que funcionaba ayer puede dejar de funcionar hoy. La capacidad de reconocerlo, aprender rápidamente y articular nuevas respuestas es, en sí misma, una forma de innovación.

Y en territorios donde llegar hasta una persona puede ser tan difícil como encontrar los recursos para ayudarla, esa capacidad puede marcar la diferencia entre tener una respuesta y lograr que la respuesta llegue realmente a quienes la necesitan.

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